Durante años se pensó que la salud estaba determinada únicamente por la genética. Sin embargo, la ciencia moderna demuestra que los hábitos, la alimentación, el sueño, el estrés y las emociones pueden influir directamente en la forma en que los genes se expresan. A esta fascinante área del conocimiento se la conoce como epigenética.
¿Qué es la epigenética?
La epigenética estudia los cambios en la actividad de los genes que no modifican la secuencia del ADN, pero sí determinan cómo se expresan. En otras palabras, es el conjunto de mecanismos biológicos que activan o silencian genes dependiendo de factores del entorno y del estilo de vida.
Genética vs Epigenética
Mientras la genética se refiere al ADN heredado que permanece igual a lo largo de la vida, la epigenética muestra cómo los factores externos influyen en la expresión de esos genes. Dos personas con la misma carga genética pueden presentar estados de salud totalmente distintos, dependiendo de su alimentación, nivel de estrés, descanso y exposición a toxinas.
Cómo el estilo de vida modifica los genes
Cada decisión diaria tiene el poder de modificar la expresión genética. Comer alimentos naturales, dormir bien, realizar actividad física regular, manejar el estrés y mantener relaciones saludables puede activar genes protectores. Por el contrario, el exceso de estrés, la falta de sueño, la mala alimentación o la exposición a tóxicos puede activar genes proinflamatorios y acelerar el envejecimiento.
Evidencia científica
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2023), hasta el 70% del riesgo de desarrollar enfermedades crónicas depende del estilo de vida. La epigenética ha demostrado ser clave en la investigación de enfermedades como cáncer, obesidad, trastornos mentales y enfermedades cardiovasculares, al mostrar cómo el entorno y los hábitos pueden modificar la salud celular.


Mitos y verdades sobre la genética
MITO
- «Si nací con malos genes, no hay nada que hacer.»
- «La genética no cambia, así que la enfermedad es inevitable.»
- «El estrés solo afecta el ánimo, no los genes.»
- «Dormir poco no tiene impacto real.»
Verdad
- Tus hábitos pueden modular la expresión genética y mejorar tu salud.
- La secuencia del ADN no cambia, pero su expresión sí, y puede revertirse con un estilo.
- El estrés crónico puede activar genes relacionados con inflamación y enfermedad.
- El sueño regula procesos epigenéticos esenciales para la reparación celular y el equilibrio hormonal.
¿Cómo se realiza un test epigenético?
Bulbo piloso
El bulbo piloso, como muestra biológica, es un biomarcador muy fiable en epigenética, ya que almacena información casi indestructible de los cambios celulares de todo el organismo, transmitidos de forma cuántica.
Se procede mediante un método muy sencillo y poco invasivo: consiste en extraer unas pocas hebras de cabello de la zona de la nuca, con su raíz. En caso de ausencia de pelo en esa zona, se podrá realizar una extracción de las cejas o del vello nasal.
Para analizarlo, se utiliza unos dispositivos basados en la tecnología Tesla que, mediante una bobina de bioresonancia, permiten realizar una lectura de la energía vibracional almacenada en los folículos pilosos.
Se obtendrá un resultado que demostrará de forma cualitativa los desequilibrios internos, estableciendo así un plan personalizado desde un punto de vista holístico (nutricional-medioambiental-emocional) para corregir o potenciar los factores influyentes, consiguiendo una armonía interna.
Este estudio NUNCA es sustitutivo de un buen chequeo médico, sino un complemento para optimizar tu salud, y el cuál cada vez más sanitarios incluyen en su práctica diaria.
Conclusión
La epigenética nos recuerda que no somos víctimas de nuestra genética, sino protagonistas de nuestra salud. Cada día tenemos la oportunidad de reprogramar nuestro cuerpo a favor de la vitalidad, la prevención y la longevidad. Tu historia genética no define tu destino, define tu punto de partida. Lo que hagas a partir de hoy, sí puede transformarlo.
Hábitos epigenéticos protectores
- Prioriza una alimentación natural, rica en vegetales, frutas y antioxidantes.
2. Duerme entre 7 y 8 horas por noche para permitir la reparación genética.
3. Practica ejercicio regular, adaptado a tu nivel y edad.
4. Gestiona el estrés con técnicas de respiración, meditación o actividad física.
5. Evita el consumo de tabaco, alcohol y alimentos ultraprocesados.
6. Cultiva pensamientos positivos y relaciones saludables: las emociones también influyen en los genes.
